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[aymara] Katarisaya



Estimados amigos,
 
Yo soy boliviano, potosino. Aymara no soy, quechua tampoco. Además sería imposible, porque simplemente los quechuas no existen, nunca he conocido alguien que diga "ñoqa qheswa kani". Un indio, uno verdadero se entiende, siempre dice "ñoqa runa kani". Y tiene entera razón. Lo que existe es la lengua quechua y el pueblo que la habla es el pueblo runa, heredero histórico del Tawantinsuyu y, en consecuencia, portador de la nación inka. Pero no vale la pena perder el tiempo con disquisiciones terminológicas. Lo que cuenta es la realidad, la actualidad, la vida de todos los días.
 
Si lo que nos interesa es comprender la problemática política de nuestro país, debemos comenzar por aceptar que hay dos polos políticos, históricos, simbólicos que se oponen: los t'aras y los q'aras y, al medio, una gran cantidad de gente para quienes resolver el misterio de saber si son q'aras o t'aras tiene poca importancia. Por supuesto, yo soy uno de ellos. Simplificando, digamos que yo soy q'ara por convención y tradición, t'ara por afición y, aunque no lo crean, por patriotismo. Sí, yo creo que Bolivia necesita del indio, de su savia telúrica y profética, de su energía indomable, de su fidelidad a la Pachamama, de su devoción mística a la tierra ancestral. Y ahora más que nunca, cuando estamos entre la espada y la pared, arrinconados por el egoísmo de las fuerzas internas que nos llevan a la división, y la voracidad de las fuerzas externas que se frotan las manos ante la perspectiva de una guerra civil. En tales condiciones el indio es el último recurso, la pukara inexpugnable
 que nos permitirá de resistir y vencer. No hay que tener miedo: la epopeya de octubre nos ha abierto las puertas de la utopía. Con ese estado de ánimo les invito a leer mi pequeño ensayo que lo escribí inspirado en los acontecimientos de los últimos años. 
 
Sus comentarios me interesan, a condición que sean alturados como se dice al borde del Chokeyapu. Los otros, sin mucha tristeza, acabarán rápidamente en el basurero.
 
oooooooooooooooooooooooo 
 
LAS WIPHALAS DE JUNIO Y OCTUBRE 
QOLLASUYU' RUNAKUNA JATARINANPAJ UNANCHANA
Hernán Mena Bustillos * 
"Ch'in pampapi qhaparej runa kani" (San Juan 1,23) ** 
 
En este breve ensayo que podríamos llamar la unanchana (el manifiesto), el autor, lingüista y economista de formación, alejándose de las posiciones kataristas tradicionales diseña una plataforma política indianista más apropiada a la situación actual. Sostiene, en particular, que el indio, por su importancia política, histórica, demográfica, tiene derecho a exigir un cogobierno constitucional definido por una Presidencia Bilingüe y una Cámara de Nacionalidades en remplazo del Senado. Se pronuncia por la instauración de un sistema jurídico paralelo compuesto de la Justicia Tradicional y la Justicia Comunitaria e insiste sobre la urgencia de una Reforma Agraria en el Oriente. Explica la necesidad de crear la Lengua Quechua Moderna, a la que considera, apoyándose en la experiencia de muchos otros pueblos, como el elemento central, el motor capaz de dinamizar el potencial político del indio boliviano. Afirma además que si el Tawantinsuyu ha muerto la hora ha llegado de comenzar a
 construir sobre sus cimientos el Kinsantinsuyu, la unión de los tres países andinos. Termina su ensayo con un vigoroso hallalla que por sí sólo es ya todo un programa: ¡Chaykama Kinsantinsuyu mana kanqa, runakuna mana samanqa! (Tanto que el Kinsantinsuyu no tenga aliento, el indio no conocerá el desaliento). 
 
En este momento me importa poco dilucidar la cuestión supuestamente existencial de saber si soy q'ara o t'ara. Yo soy lo que soy, eso me basta. Y si algunas voces pérfidas insisten sobre el asunto diré que soy una mezcla, como la mayor parte de los bolivianos. Para agravar mi caso, añadiré que más que una mezcla soy la suma de los dos: mi alma es la arena donde combaten el toro y el cóndor, mis ojos absortos contemplan todos los días el antiguo y despiadado duelo entre el fusíl y la waraq'a. 
 
Hecha la presentación pasemos al terreno. En los últimos años en Bolivia se producen hechos de importancia trascendental. El primero de todos es sin duda la emergencia del mundo indio en la escena nacional, gracias en particular al sacrificio y al coraje de los aymaras que están en la primera línea de combate. En esta hora preñada de amenazas y esperanzas me acuerdo de un pasaje de un texto de Régis Debray en el que cuenta cómo, ya casi al final de la Guerra del Pacífico, un destacamento boliviano compuesto mayoritariamente de aymaras había ganado una batalla crucial que frenaba el avance chileno. El oficial que lo comandaba, un q'ara evidentemente, corría como un loco de soldado en soldado, lo abrazaba llorando y repetía incansablemente "¡hermanos aymaras ustedes han salvado Potosí!" En la Guerra del Chaco, como el resto de los bolivianos, también los aymaras pusieron su cuota de sangre para defender los intereses de la patria. Sin embargo, en octubre, durante la Guerra del Gas, los
 aymaras fueron los únicos que salieron al frente y limpiaron La Paz de la ignominia del Palacio Quemado y marcaron la hora del renacimiento de la nación aymara. Sin ellos, los oligarcas, los culitos blancos de la élite cultivada, los políticos vendepatria de izquierda y de derecha ya hubieran firmado todos los papeles para monetizar las riquezas y los hombres de este país. Y como no hay segunda sin tercera, en junio, nuevamente los aymaras, los fieles entre los fieles de la Pachamama, el orgullo y el honor del Qollasuyu, en condiciones difíciles: amenazados, cansados, despreciados, insultados, gasificados, incomprendidos, casi descalzos, mordidos por la rabia, el hambre, el frío, el viento, apoyados sólo en su fe y su esperanza, tuvieron que salir otra vez a las calles para salvar a Bolivia y al Qollasuyu que en el fondo son una sola y misma cosa. Pero esta vez los aymaras no estuvieron solos, los mineros de Oruro y Potosí, los indios de las cerros y las pampas del inmenso sur se
 levantaron con ellos, se desparramaron por todos los caminos y se unieron a los runas de las serranías y los valles de Chuquisaca, Cochabamba y Santa Cruz, en tanto que los campesinos y guaraníes de los llanos se batían como tigres. Frente a hombres de este temple, ¿qué valen los tonton macouts de la oligarquía camba? 
 
Realmente, la vida nos depara muchas sorpresas. Personalmente yo he sido, y no me arrepiento, un ardiente y disciplinado militante movimientista (Avanzada Universitaria, el Comando Nacional de la Juventud y Espartaco han visto mis huellas) y nadie me quita de la cabeza la idea de que hay una continuidad entre las banderas de abril y las wiphalas de junio y octubre. Los antiguos, los verdaderos movimientistas, se batieron bravamente contra el superestado minero-latifundiario, y ahora, los que seguimos fieles a nuestro juramento, seguimos el combate contra el superestado gasero-oligárquico. Naturalmente la situación ha cambiado de manera radical. Con el correr de los años, el movimientismo se ha convertido en una especie de mobutismo cleptocrático al servicio de las transnacionales, aliado a los restos de la antigua rosca y a minorías extranjeras ha dado origen a esta capa dirigente de apariencia moderna e internacional que utiliza según las exigencias del momento un lenguaje de
 izquierda o de derecha para mantenerse en el poder y afianzar su control sobre el país. Mentalmente viven en Miami. Lo importante para ellos es alejarse del indio, de su lengua, su cultura, su música, sus costumbres, de su olor y su color. El gran error digamos del buen movimientismo fue creer que la democracia, la educación, la religión, el idioma español, el desarrollo económico lograrían integrar al indio a la vida nacional. Teníamos los ojos orientados hacia los pueblos adelantados de Occidente. Enorme error que nos ha llevado al borde del abismo. En vez de mirar a la Madre Patria debimos buscar nuestra inspiración en el Padre Tawantinsuyu. Hoy es más claro que el agua: el indio quiere vivir según sus costumbres y su tradición, quiere reconquistar su dignidad en el marco de una patria igual para todos, quiere hablar su lengua, quiere forjar su destino y el de sus hijos en un Estado que le garantice sus derechos fundamentales, y el primero de todos es sin duda el de guardar su
 propia identidad. En términos políticos, esta exigencia significa un Estado y una soberanía. Y entonces... ¿qué hacemos con los otros, con ellos, con nosotros, que también somos bolivianos, kollas de yapa y medio indios queriendo o sin querer? 
 
Ese es el fondo del problema, el enigma inextricable, el nudo trascendental, el sortilegio ancestral, el paradigma huesodélico de la sociedad boliviana: ¿qué solución dar al problema del indio? 
 
Los hechos demuestran lo que todos sabíamos: el indio es más explosivo que el gas y el gas ha provocado la explosión del indio. El gas junto al indio se ha convertido en una terrible arma binaria que puede hacer saltar al país.... hacia abajo o hacia arriba. Además es evidente: sin el indio el gas estaba perdido. Y sin el gas el indio y el país estarían perdidos. El asunto no tiene vuelta: el gas y el indio son la riqueza y el porvenir de la patria. No queda otra alternativa: hay que obtener de urgencia un estado de equilibrio entre las masas históricas, políticas, sociales, lingüísticas que componen nuestro país. Ese debe ser el objetivo de la Asamblea Constituyente. 
 
Ya no tiene sentido pensar en promesas, cheques, prebendas, escuelas, ministerios, tractores o t'antawawas. Esos tiempos se acabaron. Las baratijas fiscales y culturales se quedaron atrás. Ni pensar en la iglesia: el agua bendita esta manchada de la sangre del indio. Como en el Chaco hay que abrirse paso a machetazo limpio en la maraña legislativa. Hay que cavar zanjas constitucionales que permitan canalizar las energías de la Pachamama. El país tiene que funcionar de otra manera. Para empezar, el indio, por su importancia política, histórica, cultural, demográfica, tiene derecho a la mitad del poder. Más tarde tomará el resto, cuando el runa se haya apropiado de la modernidad y tenga suficiente gente preparada para tomar las riendas del gobierno. El olor de los restos mortales del Goni y de Mesa están ahí para refrescar las narices de los próximos presidentes. 
 
¿Y cómo llegar a un equilibrio, o mejor dicho, a un reequilibraje de las fuerzas en presencia ? A decir verdad las cosas son menos complicadas de lo que aparentan y las condiciones político-sociales están maduras para llegar a un acuerdo, a un New Deal como dicen los gringos, un New Deal más amplio, más profundo, más vertical que el de Roosevelt. 
 
A mi juicio los requisitos necesarios son los siguientes:
 
1.- El presidente y los presidenciables deben ser bilingües: Español-Quechua, Español-Aymara o Español-Guaraní. 
 
Qanchus suyukamachej kayta munanki ? 
Pakayllamanta chayta k'achitu qhawanki, 
Ithíriy, ichás qheswa manaraj yachanki ! 
 
¡Consejo sabio para orejas prudentes! 
 
Después de todo es lo menos que se puede pedir. Parece extravagante pensar que un hombre pueda presentarse en la escena internacional como representante de un pueblo con el que no puede ni siquiera conversar. Esta extravagancia es moneda corriente en nuestro país, es el sello de un status quo colonial que precisamente queremos superar. Hacer pasar el violento racismo boliviano por una simple extravagancia pudiera parecer a mis hermanos indios como una traición. Les doy entera razón. No es una extravagancia, es un sistema, un cuadro sociológico cuyo origen está en la derrota del Tawantinsuyu y en la permanente labor de destructuración de la sociedad andina planificada desde la Conquista y aplicada de manera perseverante durante la Colonia y la República. En nuestra época es un escarnio a la condición humana, una mancha nefanda e indiscutible frente al resto de la humanidad. Para darse cuenta de su alcance basta pasar revista a la prensa nacional: las élites urbanas q'aras rivalizan
 con los cambas en la búsqueda de los epítetos mas repugnantes contra el indio, las expresiones mas alevosas son insuficientes para satisfacer su sadismo racial, literalmente quisieran hacerlos desaparecer, por la ley (q'ara) o por las armas (¡t'aras!), como si fueran insectos portadores de las peores enfermedades. El payaso de Paulovitch ha hecho su especialidad, pero él es apenas una minúscula pústula del sistema. Nombrar a los otros tomaría páginas enteras. Mejor olvidarlos. Que sus nombres los recoja el vertedero de las inmundicias.
 
No tiene discusión: la exigencia del bilingüismo presidencial debe estar escrita en la Constitución. ¿Un presidente bilingüe resolverá todos nuestros problemas ? Por supuesto que no. Esta exigencia, por su valor político y simbólico, nos haría avanzar un buen trecho en el camino de la democracia, pero no nos protegería de un salvaje al estilo Barrientos o Melgarejo. Sin embargo, sería un signo de modernidad, nos pondría a la hora de Canadá, Suiza, Bélgica. Hay que comprender que estamos en el caso de los estados baltos antes de la caída del muro de Berlín, en la situación de los checos y de los polacos antes de la primera guerra mundial. Y la lista de precedentes es larga y diversa : Israel, Argelia, Vietnam, País Vasco, Kurdistan, Nunavut, Letonia, Estonia, Lituania... 
 
Pensar en las consecuencias prácticas de esta exigencia me parece un sueño. Adiós Tuto, adiós Bombón, adiós Doria Medina, adiós a las esperanzas de los hijos de la gente bien que estudian aplicadamente el inglés y que sueñan con un destino nacional. Tendrán que cambiar de maestros, deberán escuchar y repetir atentamente las palabras y las entonaciones de las sirvientas. Tendrán que ir al campo, a las minas, al monte, y deberán aprender a saludar y hablar correctamente con la gente. Una verdadera revolución cultural. 
 
Hasta parece burla, los q'aras de derecha o de izquierda que sueñan con ser presidentes se convertirían en auténticos revolucionarios. Como los antiguos populistas rusos (narodniki) irían al campo a descubrir el pensamiento del murrik (escrito y leído a la boliviana). Recordemos que ellos solían decir: "jozdieniye po mukam" lo que traducido en buen romance altiplánico significa: el peregrinaje a las ch'ujllas, y en sentido figurado: el duro reencuentro con los Achachilas. 
 
2.- Un sistema legislativo bicamaral. La Cámara de Diputados, la más importante, funciona en español y la otra en las lenguas mayoritarias: Quechua, Aymara y Guaraní. Esta última remplaza al Senado y asume todas sus atribuciones. 
 
Jaku q'ara, ama q'ewakuychu... iskayninchis llank'asunchis ! 
Qankuna, pitamanpis uyarispa, ch'ajwaspalla qhelqankichis, 
Noqayku-rí, ch'inllalla tapunakuspa, tukuyta qhawasunchis ! 
 
Dos lógicas, dos actitudes y una invitación al trabajo conjunto. A primera vista esta exigencia parece imposible, incoherente, surrealista, una verdadera provocación. Sólo en apariencia. En realidad es muy fácil de instrumentar y de una manera muy democrática. Supongamos un cierto número de candidatos frente a una masa de votantes. La democracia impone que un hombre sea igual a un voto. Pero nada impide que las papeletas estén en doble ejemplar. Una tiene sellada la tricolor y la otra luce la wiphala, usan la primera los que quieren votar en español y la otra los que desconocen o dicen o fingen no conocer el español. Cada votante es libre de escoger su bandera. Los candidatos ganadores tendrán a su haber la suma de las dos banderas. Si el número de votos que lleva la tricolor es superior el hombre va a la Cámara de Diputados, y si la wiphala es mayoritaria el elegido va a la cámara de las nacionalidades, es decir al Senado. 
 
Es evidente que cada candidato buscaría su electorado según la lengua que el domina o cree dominar mejor. Por supuesto resultarían aventajados los bilingües. Tanto mejor pues son ellos los que reflejan la realidad y son los portadores de la unidad nacional. Al mismo tiempo las lenguas menores se sentirían socialmente reconocidas y los elegidos tanto monolingües como bilingües podrían reivindicar una auténtica legitimidad. Y las maniobras partidarias para optimizar los votos incrementarían notablemente el interés por el conocimiento de las lenguas nativas y por la problemática rural. Si, lo que parece improbable, se produjera un desequilibrio numérico importante entre las cámaras, un pequeño calculo del "goal average" entre las banderas resolvería fácilmente todos los problemas. 
 
Nótese que la libertad de escoger la bandera nos ahorra el trabajo casi imposible de saber quién es quién. Y sobre todo pone fin al proyecto en curso de bantustanización política. La creación de un voto étnico cartografiado según los caprichos de la CNE es un insulto a la historia del runa y una injuria a la democracia. Nada extraño que este sistema tenga la preferencia de los especialistas de la manipulación puesto que la delimitación de las circunscripciones sería el plato fuerte de las experimentaciones torcidas. A este propósito es curioso notar la convergencia espúrea entre los intereses de algunas ONG, que trafican con los indios como si fueran una especie de pajarracos en vías de extinción, con los proyectos de ciertos q'aras mañosos que quieren lavarse las manos creando reservas a lo yanki, y las ambiciones de oscuros jefes originarios que quieren asegurarse la explotación de feudos personales. 
 
En una elección amplia, limpia y democrática como la que acabamos de describir, los elegidos al Senado, ¿serían todos indios? Seguro que no. Habría entre los ganadores varios vástagos de gamonales, una buena representación auténticamente runa, y un fuerte batallón de p'alqas. Quienes son los p'alqas ? En lengua quechua p'alqa significa horqueta, bifurcación. En la vida corriente es la ramita de árbol cortada en forma de Y que se utiliza en la confección de una flecha. En sentido figurado, en quechua cuzqueño por ejemplo, significa una persona doble, ambigua, que actúa o razona con segundas intenciones. En quechua boliviano un p'alqamaki es un movimientista a causa de la V de la victoria. En lo que sigue para nosotros el p'alqa será la persona bilingüe que cabalga sobre las dos culturas, es al mismo tiempo el puente y el muro de contención entre q'aras y t'aras. Y aunque por el momento no reivindican abiertamente una personalidad independiente, los p'alqas son en realidad una capa
 importante y numerosa de la sociedad. Son las familias campesinas que se han instalado en las ciudades a causa del éxodo rural, son los mineros que no quieren ser indios, pero que entre ellos hablan en quechua mientras sus dirigentes se desgañitan en español. Son los comerciantes de la frontera y del interior, son los estudiantes de provincia, los maestros rurales, los transportistas, las sirvientas y tanta otra gente que guarda lazos estrechos entre la ciudad y el campo. Políticamente y culturalmente son la clave del problema. Nada extraño que hayan jugado un papel determinante en los ultimas movilizaciones. Y su rol será cada vez mayor. Pienso en particular en las numerosas personas de origen indio que tienen formación universitaria y que se han q'aratizado sin querer, simplemente porque las necesidades de la vida y de la sociedad lo exigían. Su posible retorno a las filas runas significaría un cambio radical en el escenario político. 
 
Supongamos que las dos cámaras estén en plaza. ¿Significa la guerra de dos poderes ? ¡Pura ilusión! La verdad es que toda vida política democrática necesita partidos políticos organizados a nivel nacional. Y en esta materia los q'aras son campeones. Ellos sabrán encontrar sus llunk'us. ¿El llunk'erio es una cosa mala ? No, con absoluta seguridad. Es una cuestión de volumen. Cuando se trata de escoger algunos ejemplares para presentarlos a la galería lo es sin ninguna duda, pero cuando se trata de un número importante las cosas cambian de aspecto. Se convierte en una alianza de intereses, se trata de una comunidad de ideas, de la definición de proyectos comunes. La representación india se convertiría en un componente esencial de cada partido. En estos días, ¿no vemos acaso con disgusto las tentativas de los trotskos por tratar de galopar montados sobre los lomos del indio? Y ya estamos acostumbrados a los gritos de victoria de los moskos bajo los aullidos devotos de sus llunk'us. El
 resto de los partidos seguirá la misma lógica. Es sólo una cuestión de tiempo y de dinero. 
 
Es evidente, el sistema descrito aumentaría mecánicamente la representación india en las instituciones. Es lo que se busca. Además, para evitar eventuales confrontaciones incluso se pudiera poner algunos pestillos de seguridad, por ejemplo que las resoluciones de la cámara de los senadores se voten a una mayoría de dos tercios. Es casi seguro que los q'aras sabrían encontrar una minoría de blocaje. Durante un periodo de aprendizaje de varios años no creo que la cámara de las nacionalidades pudiera tener una real significación legislativa, salvo en casos de extrema gravedad Su verdadera importancia residiría en su significación política, social, pedagógica, simbólica, lingüística. 
 
¿Veremos próximamente la fundación de un gran partido runa? No lo creo. Antes de hacerlo, el indio tendrá que vencer dos terribles barreras: la una ideológica y la otra sicológica. Ideológicamente el indio no ha logrado poner orden en su cabeza, sigue prisionero de arquetipos telúricos y de la influencia de la izquierda más o menos ligada a la tradición minera y sindical, y en el orden sicológico continua sufriendo del complejo de inferioridad frente al q'ara. ¿Pruebas? Cuando el Mallku pone su partido a la disposición de la COB ¿no reconoce así, además de sus propias limitaciones - secreto de Polichinela - la superioridad de la izquierda y la imposibilidad de avanzar por el camino que se había trazado ? Cuando Evo Morales - desdeñando el binomio con Joaquino que hubiera podido representar el gran bloque aymara-quechua - busca un aliado intelectual que le dé una cierta credibilidad en la opinión de las capas cultivadas, ¿no confiesa al mismo tiempo: la incapacidad de su partido, una
 gran confusión ideológica, su tendencia maniobrera, y el deseo de camuflar su complejo de inferioridad frente al establishment q'ara ? Por cierto, curioso cálculo, ¿se olvidó que a borde del Choqueyapu el vice espera el buen momento para zambullir al jefe? ¿Y qué decir de Joaquino y su triste búsqueda de un millonario oriental capaz de financiar su campaña, no se da cuenta que su insulso gorjeo sobre la unidad nacional no convence a nadie ? Por algún costado recuerda el lamento del pobre Manko Inka que con una pizca de ironía podría abreviarse así "No comprendo porque me tratan de esta manera. Les he dado todo: tierras, oro, prestigio, servidores... mis bienes, mis armas, mi hermana. ¡Ah, hubiera sido tan lindo si nos hubiésemos comprendido! " (Texto completo en: http://www.mith2.umd.edu:8080/eada/html/display.jsp?docs=titucusi_instruccion.xml&action=show). Los heroicos mineros que estuvieron junto a Coro Mayta en las horas de su sacrificio chuquisaqueño esperan del hombre en quien
 tienen confianza otras cualidades que las de un canario destemplado. ¿No se han ganado el derecho de exigirle un programa que convenga a sus intereses y esperanzas pronunciado en su propia lengua? ¿No merecen un Q'ajcha Sumaj Orqo Kuraka que lleve su voz allende las montañas? ( Munasqay Apu, imatatajpuni jark'asunki mana llajtamasikunaykiman qheswallapi parlanaykipaj ? P'enqakujjinapajchu kanman ? Chay pacha q'arakunawan much'akoj yachachikorqanki... qalluykichus chhorqoyapun? Pajtataj ch'ejnispa runakuna qanmanta karunchakunman ! ) 
 
Estoy convencido que la inmensa mayoría de los bolivianos no tiene conciencia clara de la extraordinaria importancia de los problemas lingüísticos. Esta probado en todas partes del mundo: lengua y poder político son los dos polos principales alrededor de los cuales se articula todo combate nacional. Y Bolivia no escapará a la regla, y los españoles lo sabían muy bien, por eso hicieron todo lo posible para liquidar el runasimi. Y los aymaras - hay que sacarse el sombrero delante la vanguardia - también lo han comprendido y trabajan intensamente para desarrollar su lengua. Sin embargo - tan triste es el estado actual de las lenguas originarias - es más que seguro que las primeras sesiones de la cámara de senadores - y también las segundas - serían un rompecabezas babilónico, una horrible olla de grillos. Para evitar el ridículo todo el mundo acabaría hablando castellano o castemallo como dicen las malas lenguas. Sus resoluciones estarían escritas forzosamente en español. A los ojos de
 los electores este espectáculo bochornoso sería considerado una traición, políticamente un suicidio y moralmente una rendición sin condiciones. 
 
¿Qué es lo que nos permite decir que el fiasco inicial está garantizado? 
En lo que sigue hablaré únicamente de la lengua quechua, la sola que conozco. Creo sin embargo, más por experiencia que por estricto conocimiento, que la situación de las otras no es mejor. El diagnóstico sobre el estado de la lengua quechua es terrible e inapelable: ella se encuentra en un estado catastrófico, literalmente se muere en nuestros brazos. Unos pocos años más en el declive y habrá que ponerle los santos óleos y que en paz descanse. Todos los que viven con pasión la decadencia del quechua y ven en sus espasmos el hundimiento del mundo runa están conscientes del problema. Sólo nos falta ponernos de acuerdo en cuanto a los remedios a aplicar. En mi opinión, y el ejemplo de tantos otros pueblos que estuvieron en la misma situación da fuerza a mis palabras, el remedio está en la política y en el recurso a las fuerzas creativas de los hombres de base, de aquellos que han vivido y sufrido con ella, para quienes el idioma no es un fenómeno lingüístico, un instrumento de
 comunicación, de progreso, un arma del saber, un decoro del espíritu, y tantos otros madrigales del estilo que astutamente destilan los q'aras en las orejas del runa. No señor, el idioma es el hueso, el espíritu, la respiración de un pueblo, es su historia, su trabajo, su dignidad, su vida. Una lengua es un destino, una patria, es el escenario intelectual donde se juega el drama de una nación. El pueblo que renuncia a su lengua levanta las manos y desaparece para siempre. Una imagen del estado actual de la lengua quechua podría ser la de una antigua y hermosa mansión que por el abandono de siglos se ha convertido en un armatoste desvencijado, con techos y ventanas al desgaire. Las ratas universitarias infiltradas de contrabando se han distribuido los pisos y los agujeros y cada tribu defiende su territorio con los dientes. Los antiguos propietarios, encorvados, esqueléticos, fantasmagóricos, deambulan por los corredores y responden a las preguntas de los wiraqochas encorbatados que
 toman notas en libros cabalísticos y se consultan entre ellos en inglés. La lengua quechua se ha convertido en un juego especulativo de lingüistas q'aras y gringos que juegan con sus reglas y sus sonidos como los especuladores en las bolsas de comercio. Sólo juegan los que tienen capital, acciones, es decir títulos universitarios, los demás, los pobres diablos y la indiada en masa ... ¡a la calle, a lustrar zapatos y a limpiarse los mocos! 
 
En estas condiciones de usurpación manifiesta sería una locura entregar el destino del quechua a los lingüistas. La lengua la hace el pueblo y sobre todo sus mejores representantes: los escritores, los gramáticos, los traductores, los profesores. Eso es lo que nos falta: gente que entregue sus fuerzas intelectuales a labrar el idioma como se labra la tierra, sin testigos, sin diplomas, con las manos y los pies desnudos pero con la cabeza llena de sueños y esperanzas. Con la misma fe y determinación con las que salieron los combatientes de junio. Si ellos salvaron a Bolivia del complot parlamentario por algunos años, los hombres que construyan la Lengua Quechua Moderna la salvarán por la eternidad. 
 
Válgame la ocasión para hacer el elogio de un gran hombre, el padre Porfirio Miranda, autor de una de las mejores traducciones de la Biblia. Potosino, provinciano, campesino en el alma, capellán en la Guerra del Chaco, cura de parroquia olvidada, hombre de cultura, profesor universitario. Su obra estuvo dedicada al quechua y su trabajo, uno de los mejores documentos en lengua quechua, quedará como fuente de inspiración para mucha gente. Su vida fue como su prosa: tranquila, sencilla, paciente. Y sin embargo, !qué fuerza, qué belleza! No quiero decir que haya sido algo comparable a Pushkin, Goethe, Dante o Komensky, no. Su obra es limitada, le falta el genio literario, la dimensión política, el aliento profético, la proyección hacia el futuro.
 
Actualmente, nosotros los bolivianos, gracias a los sufrimientos, la humildad y la perseverancia del runa hemos conservado casi intacta la parte más noble (la gramática) y mas pura (el léxico) del antiguo runasimi. Esto nos da la posibilidad de lanzarnos en la aventura cultural más extraordinaria de nuestra historia: la creación de la Lengua Quechua Moderna. Algunos dirán que las lenguas no se crean. Se equivocan rotundamente: el hebreo, el vasco, el checo son las pruebas vivientes. Está claro que realizar esta tarea es imposible sin un apoyo popular masivo, es decir sin una voluntad política. Lengua, política, historia, economía, literatura deben estar al centro de las preocupaciones de todo aquel que se llama o se siente katarista. 
 
Quizás al leer mi texto algunas personas sensibles y bien intencionadas pudieran pensar que mi embestida contra los lingüistas es excesiva y poco a propósito. No cambiaré nada: esta actitud me parece socialmente justificada y políticamente necesaria. Al mismo tiempo son evidentes las ventajas del desarrollo de una lingüística comparada que permitirá por ejemplo sino es articular por lo menos vincular los diversos segmentos del archipiélago quechua y estudiar, formalizar, protocolizar, el intercambio entre quechua y aymara. Son cosas conocidas: el español se ha nutrido del latín y del griego, el polaco aprovechó del avance del checo, el ruso se inspiró del antiguo eslavón, y luego las pequeñas lenguas eslavas siguieron las huellas de las grandes. En este sentido ¿cómo no reconocer el trabajo de una persona como Robert Beér, lingüista de Cambridge, que traduce textos del español en quechua cochabambino, cuzqueño e incluso ecuatoriano? Su sitio internet es una visita obligatoria para
 toda persona que se interesa al quechua (http://homepage.ntlworld.com/robert_beer/). 
 
Terminemos este capítulo con una última consideración: suponer que para hacer una lengua común es suficiente hacer un puchero con los materiales existentes es un grave error. Las lenguas funcionan como fuerzas políticas - ¡son fuerzas políticas! - : no es la unión la que hace la fuerza, es la fuerza de una de ellas que arrastra las otras. El cuoteo no existe en materia de lenguaje. 
 
3.- Un Poder Judicial bipolar, bicéfalo o paralelo. En términos prácticos: coexistencia a nivel nacional de la Justicia Ordinaria y la Justicia Comunitaria sin restricción territorial alguna tanto en lo civil como en lo penal. 
 
Niway, runa, maskha wataña jina k'umusga causay aterqanki ? 
Imapaj chay chhika llakiporqanki ? Manarajchu sayk'ukorqanki ? 
Kunan ama jina p?enqay waqapuwaychu ! 
Manachus ni mayquen ma? yachanchu ? 
Llank'ay munajtiiyki ? qanta wijch'orqanku ! 
Mikhuy munajtiiyki ? ni ima ma' qorqanku ! 
Ni pitapas sonqochakuspa qanman qayllamonqa ? 
Ni jayk'aj qampaj lliphej kausay ma' jamonqa ? 
Rijch?ariy, runa, khuyuriy, chumpiyniiyki sinch?i wataykapuy, 
Q?araj qhenchachasnin ukhu wayq?oman wijch?uykapuy ! 
Suyunchismanta unay qhaparin sonqoykiman chayamuchun, 
Qollaruna? mosoj kallpan wiphalanchis wayrachimuchun ! 
 
La víctima escoge el canal. Hay una Corte Suprema paritaria que dirime en última instancia. 
 
Cuando se aborda el problema de la justicia en Bolivia, uno tiene la impresión de penetrar en un mundo caótico y sin salida posible: corrupción a todos los niveles, criminalidad galopante, ausencia de valores morales, la arrogancia de los jueces, la impotencia y los abusos de la policía, la impunidad de los delincuentes, la soberbia de las autoridades, la indiferencia de la gente, la desesperación de las víctimas, la inconsecuencia e ineficacia de los remedios, un aparato judicial corrupto, paralizado, carcomido, Seguro que me quedo corto en el recuento. Y pensar que todo esto podría resolverse de un plumazo: que se abran las compuertas a la Justicia Comunitaria y los resultados serán espectaculares. El indio es experto en el conocimiento de las malas hierbas y sabrá encontrar remedios rápidos y eficaces. Naturalmente a Dios lo que es de Dios y a César lo que es de César. Si bien el indio puede crear y garantizar en torno de él una vida civil pacífica, organizada y respetuosa de los
 bienes y de las personas, en cambio se queda completamente impotente frente a la criminalidad que nace y prolifera al interior del aparato administrativo. Todo lo que es papeles: atribución y apropiación ilegal de la tierra, expoliación de terrenos, compra-ventas fraudulentas; maniobras económicas: bancarrotas, préstamos, desfalcos, falsificación de documentos; operaciones judiciales: procesos incompletos, veredictos fraguados, falsos testimonios; operaciones financieras: contratos, movimiento de capitales, comercio internacional... es estrictamente territorio q'ara, los t'aras están ahí sólo de sirvientes. No serviría de nada introducir en el sistema unos cuantos t'aras, con el apetito que tienen podrían superar rápidamente a los maestros. En cambio se avanzaría mucho creando una justicia comunitaria descentralizada, electiva. Los movimientistas crearon los comandos, Fidel Castro hizo los CDR, nosotros podríamos ganarles de lejos en seriedad, profundidad, longevidad, democracia y
 eficacia si lográramos crear los Comités de la Justicia Comunitaria. Si recogiendo la experiencia del ayllu, donde los puestos de jerarquía son electivos y rotativos, se pudiera levantar un Comité en cada pueblito, en cada zona urbana, en fin en todo lugar donde la gente decida libremente de tener uno, entonces ahí se acabaron los ladrones, violadores, asesinos y abusadores de todo calibre. Y t'aras y q'aras la pensarían dos veces antes de cometer sus fechorías. Además no costaría un centavo, en la sociedad runa los puestos no son remunerados, lo que vale es el prestigio, el respeto y el reconocimiento de la gente, el interés de la comunidad. Los q'aras y los curas han gastado mucha paciencia y saliva tratando de convencernos que todo lo que hacen y deshacen, dicen y bendicen, viene directamente de las tripas del Espíritu Santo. Bienaventurados los indios herejes que nunca creyeron en tales mamadas, porque ellos se llamarán kataristas y un día llegarán al poder. Es tiempo de
 demostrar que el indio es capaz de crear sus propias estructuras y ciertamente mejores que las que actualmente existen. Paradójicamente, por una más de los tantas ironías de la historia, nos encontramos nuevamente en el caso de Polonia en la época del régimen comunista: somos una sociedad civil víctima de un aparato estatal depredador. Basta ver como las instituciones se precipitan sobre los nuevos recursos del gas. Al paso que vamos pronto la clerigalla bloqueará los bautismos para obtener el diezmo, como en los viejos tiempos. 
 
Hagamos un poco de justicia ficción. Año 2010, 16 de noviembre, dia aniversario de la caída en cautiverio del gran Atawallpa, la ciudad de La Paz después de muchos dolores y lágrimas ya se ha acostumbrado a su nuevo nombre: Katarisaya. Y hasta comienza a sentirse orgullosa, ser llamada la morada de Tupaj Katari le ha conferido prestigio y respeto en el continente. Como en días de fútbol el país entero está pegado a la televisión. Hoy justamente es el día del veredicto final de un proceso que juzgado en primera instancia en una corte cantonal de justicia comunitaria, de apelación en apelación, ha crecido en importancia hasta convertirse en un sujeto de la prensa internacional. Qhonchumarka, humilde rancherío de un vallecito olvidado de Potosí, sabrá si ha ganado o perdido el proceso contra una multinacional que desde hace varios años explota en toda ilegalidad minerales raros en los cerros que lo circundan sembrando desolación y muerte entre las gentes y los animales del valle
 escondido, una especie de edén prehistórico con sus cavernas, sus chullpas, sus ritos ancestrales. 450 millones de dólares están en juego, una pigricia delante los beneficios colosales de la empresa, pero la sentencia podría crear un precedente peligroso sobre los otros juicios en curso. El proceso ha sido la hora de gloria de un joven abogado camba hasta entonces desconocido: Johnny Quispe Justiniano. Flacuchento, medio amarillo, su barbita rala al estilo Ho Chi Min y sus lentes como culos de botella han hecho las delicias de los caricaturistas, pero ¡qué pasión y qué fuerza de convicción! Un periodista local, buen lector de José Martí, le ha llamado El Bijirita (la hormiguita picosa) como al Apóstol y la verdad es que el apodo le cae como un guante. Frente a él, los elegantes abogados internacionales parecían unos zonzos inútilmente perfumados y engordados. Poco pudieron hacer frente a las pruebas acumuladas: los testigos, la documentación fraguada, los falsos informes, los
 volúmenes de producción, el tráfico de aviones clandestinos, los cadáveres de animales monstruosos, las deformaciones aparecidas, las enfermedades desconocidas, la lista completa de muertes seguras y de decesos probables. El fallo parece cosido por todas las costuras. Pero el interés por el proceso tiene una segunda causa: la originalidad del tribunal que lo juzga: se trata de una corte mixta paritaria compuesta de jueces q'aras y t'aras, y los sutiles cronistas locales por un vicio atávico se han interesado no a los hechos sino a la personalidad de los jueces y a los ocultos intereses que los unen. En suma, si todo indica que pronto el pueblito tendrá unos carnavales faraónicos, cuando las cosas se ventilan en una corte boliviana donde q'aras y t'aras están entreverados, el misterio, la sorpresa y la desconfianza son la regla. Los indios lo saben y esperan tranquilos, mudos, petrificados, con una sonrisa enigmática en los labios. Difícil de saber si piensan en los próximas fiestas
 o en la infinita injusticia de los hombres. 
 
4.- Una segunda reforma agraria con una visión colectivista. Una revisión completa de títulos y de las condiciones de atribución de la tierra. Expropiación de todos los bienes mal habidos. La tierra para quienes tienen un derecho preeminente: los antiguos habitantes y los hombres y familias que viven y trabajan en ella. Liquidación de toda suerte de encomiendas: antiguas, nuevas, buenas, malas, falsas, familiales, conyugales, prebendales, pontificales, industriales, políticas, etc. 
 
Sapallan purishaspa wasaymanta ujllata wajyawanku : 
- Q'oyu moyu, ch'ia k'utu, asna sap'ana, puka chiwanku ! 
- Wá, imataj chay ? Waj runawanchus pantaykuwanku ? 
 
Kutirikuspa ch'in pampalla qhawani. - Kaymanchus achachi ? 
- Tuta pharaku, yana khuru, k'ita kordero, wallpa waqachi ! 
- Imatajpuni chayta kanman ? Sonqoychá... qhencha phantachi ? 
 
Wañusgachu kani ? Mosqhochakuy wasanman ichás urmaykani ? 
- Killa senga, chhojchoqa uya, khiska tutuma, thanta kokani ! 
- Ch'inllay, eqeqo, phallpa k'usillo, qonaykichá qonqarqani. 
 
Qhatimuwaspa q'arakunajina millay parlawanki, 
Paykuna asipayachinapajchá ñoqata k'amiwanki, 
Suyay, ch'utillo, kankasqa qaraykiwan kutipuwanki ! 
 
El Oriente boliviano tendrá una fisonomía social y política diferente si logramos eliminar todas las formas de gamonalismo. Una agricultura de yunkers no corresponde ni a la historia ni a los intereses de nuestro país. Hablemos claro: lo que llamamos el problema cruceño es esencialmente un problema de la tierra. En los últimos decenios una poca gente, la oligarquía camba, en realidad una oligarquía q'ara disfrazada de regionalismo para hacer bulto, se ha adueñado de grandes extensiones de tierra con la aprobación, la complicidad y la participación de los regímenes en plaza. ¿Porqué creer que esta situación de facto sea irreversible o esté legitimada por la eternidad ? Los medios utilizados fueron múltiples y variados, prácticamente todos ilegales, fruto de la corrupción y la avaricia de las capas dirigentes. El país, es decir los hombres de este país, ¿no tienen el derecho de revisar los papeles y corregir los errores? ¿La política en su significación primaria no es acaso mirar y
 considerar las hechos que conciernen los intereses y el destino de la comunidad nacional? Si vemos las cosas desde un punto de vista histórico es evidente que el problema cruceño es un derivativo del combate ancestral entre q'aras y t'aras, un avatar del duelo secular entre España y el Tawantinsuyu. Desde el momento en que los invasores se sintieron en posición de fuerza a causa esencialmente de la terrible guerra civil entre runas y la mala organización de la defensa, los españoles aplicaron inmediatamente el derecho de conquista: se adueñaron de todo lo que tenían al alcance: oro, tierras, minas, vasallos, bienes, riquezas, mit'as, impuestos. El sistema de encomiendas - como hoy - fue sólo la legalización de la repartija. La República mantuvo y desarrolló el sistema y los wiraqochas se convirtieron en q'aras. El punto de ruptura sobrevino con la Revolución de Abril, el gamonalismo refluyó sobre las tierras del Oriente. Allá se ha atrincherado con el apoyo de los regímenes q'aras
 de Occidente. En realidad el violento racismo antikolla que florece en Santa Cruz no lo inventaron los cambas. El Oriente a sido siempre cuna de gente generosa, patriótica, desprendida, democrática. Son los q'aras de Occidente los que les han inoculado el virus con el interés de mantener y garantizar sus privilegios. Sólo el lenguaje ha cambiado: los gamonales se llaman ellos mismos los industriales del agro y nos presentan su sistema feudal como el nec plus ultra de la modernidad. Lo curioso es que haya gente que les crea. No por mucho tiempo. Se engaña una vez, dos, tres, pero no diez veces. Las aguas retoman siempre su nivel. Si, como parece ineluctable, el runa tendrá una participación cada vez mayor en la definición de la política nacional entonces hay materia para ser optimistas en cuanto al futuro y a la unidad de nuestro país. Por cierto, el último acceso de histeria de la oligarquía ¿no es una prueba de los cambios que se aproximan ? Como las serpientes que presienten los
 terremotos, los q'aras se estremecen ante la emergencia del indio y presos del pánico salen en tropel con Las Magníficas por delante para amotinar los mirones. El presentimiento se ha convertido en pesadilla, el fantasma del runa les hace crujir los huesos y los bolsillos, su mirada fría les despierta todos los reumatismos. 
 
5.- El bilingüismo es la política oficial del país y se aplica a todos los niveles de la administración pública. El Estado organiza y garantiza la educación en los establecimientos primarios secundarios y universitarios según el idioma libremente escogido por los estudiantes y las familias. La educación, la religión y la ideología en general pertenecen a la vida privada de los individuos. El sector privado de la educación goza de amplias garantías y facilidades en cuanto a su organización y su financiamiento. 
 
Naturalmente a la hora actual - más tarde, ¿quién sabe?- un programa de este tipo es completamente impracticable. Nadie que tenga un poco de sentido común puede creer en él, por supuesto yo tampoco. Es simple, las lenguas nativas tal como están no pueden resistir la concurrencia del español. Sin embargo muchas cosas ya son posibles, por ejemplo una política de participación en los medios de comunicación: publicaciones oficiales, radios, periódicos, televisión, cine, teatro, música, eventos culturales, en una proporción variable que en algunos casos puede llegar hasta el cincuenta por ciento. Es el caso de La Paz. Si en Potosí, Oruro, Chuquisaca, Cochabamba llegáramos al 30 por ciento ya sería una gran triunfo que pudiera crecer rápidamente en función de la aceptación por parte de los interesados. En este punto es justo señalar la extraordinaria audiencia de las radios en quechua y aymara, esto nos da una pauta sobre el interés de la gente. Y el interés de las personas es proporcional
 a su nivel de conciencia política. Nuestra convicción es simple, clara y firme: el destino del runa se decide en el terreno lingüístico porque está probado por la experiencia histórica de muchos pueblos que la lengua se encuentra siempre al centro del combate nacional. Todas las medidas que se tomen en materia de educación estarán en función de la correlación de las fuerzas políticas en el terreno. Y, poco a poco, el combate nacional va a crear una sinergia entre lengua y política, los políticos se harán escritores, profesores, economistas y los escritores encontrarán su público en las masas runas aunque sus obras no tengan nada que ver con la política, por la simple y llana razón que habrá cada vez más gente con sed de conocimientos. 
 
Nada extraño que la educación bilingüe en el campo sea un completo fracaso, un verdadero fraude que consume mucho dinero y no tiene ningún o muy poco efecto. Simplemente porque le falta la dimensión política. Desde el momento en que el runa comprenda que su lengua es un instrumento de liberación y de futuro no dudará un momento en entregar su adhesión entusiasta. Pero esta convicción no caerá del cielo, será el resultado de la acción política. Por el momento una buena parte de los runas están hipnotizados por el español y procuran que sus hijos se aparten lo más lejos posible del quechua. Es un cáliz amargo que hay que saber digerir, es el vino chuto fermentado durante cinco siglos de opresión. Pero pronto se volcará la tortilla. La voz de la Pachamama es poderosa, las energías de un antiguo pueblo son inmensas, el problema está en despertarlas y canalizarlas. Los runas son un pueblo de gigantes que los q'aras han puesto de rodillas, pero el viento va a cambiar de rumbo, el Qollasuyu
 renacerá de sus cenizas para no morir nunca más. 
 
6.- La política exterior obedece a nuestra voluntad estratégica de reconquistar la antigua unidad de los pueblos andinos: construir el Kinsantinsuyu (Bolivia Perú y Ecuador) sobre los cimientos del Tawantinsuyu. 
 
Inti Churin, Khuya Mama, Ñust'a Aukiwantin... pitaraj munanman ? Tawantinsuyu p'ampasqaña, ni pichus ayan kausarichiy yachanman. Pachamama paqarin, jallp'anchis qhaparin. Qollaruna ma' suyanqa! Chaykama Kinsantinsuyu mana kanqa, runakuna mana samanqa ! 
 
Para muchos q'aras los sueños imperiales de los indios son puras tonterías indígenas. En el fondo tienen razón, ciertamente no en la forma ni en el lenguaje, pero sí en el contenido. Es evidente que no volveremos nunca más a tener un Sapan Inka, Hijo del Sol. Es indiscutible que la antigua organización del imperio ya no tiene vigencia. Si nosotros los kollas, todavía sentimos en las venas el alma ardiente del Qollasuyu, ¿donde están los Chinchas, los Antis, los Kuntis? Se los llevó el viento de la historia. Lo que ahora existe son los tres Estados: Bolivia, Perú, Ecuador. Tenemos que ser realistas. El Tawantinsuyu fue una alianza de pueblos, nosotros tenemos que forjar una nueva confederación, una estructura moderna adaptada a la condiciones de nuestra época: el Kinsantinsuyu. A la hora en que estamos, ¿quién puede afirmar que un día los bolivianos no estarán a la vanguardia de ese proceso? 
 
Otros tantos q'aras afirman que el Tawantinsuyu ha muerto no sólo como Estado sino también como idea, como espíritu, como nación. ¡Grave error! Los q'aras sueñan despiertos si creen que las naciones mueren tan fácilmente. El indio no abandonará jamás su ideal de independencia y de soberanía. España estuvo ocupada durante siglos por los moros y logró su independencia. A nosotros nos tocará el turno. La lista es larga, larguísima, de pueblos que han logrado su independencia después de muchos siglos de opresión. Luego de la primera guerra mundial surgieron los países balcánicos, Polonia, Checoslovaquia. Después de la segunda: la India, Indonesia, Malasia, y prácticamente todos los pueblos africanos y del medio oriente. En los años 50-60, Túnez, Marruecos, Argelia, y recientemente los numerosos pueblos que conformaron la difunta Unión Soviética. Una de las naciones más tenaces en la lucha por su independencia fue Polonia a pesar de encontrarse despedazada entre tres potencias. Su lema
 podría ser el nuestro: "Polonia no ha muerto, tanto que nosotros estamos en vida" (Jescze Polska ne zginiela, póki my zyyemy). 
 
¿Cuáles son los casos mas próximos al nuestro? Difícil de responder pues cada caso es particular. Si pensamos a la situación del runa estarían: Argelia por el peso cultural, económico y demográfico que tenían los franceses al momento de la guerra; la Nueva Caledonia por la situación de los kanak frente a la arrogancia y la superioridad económica y cultural de los caldoches; la ex-Checoslovaquia por la construcción de una pequeña lengua nacional frente a la prepotencia del alemán; Israel por la reconstrucción de un Estado después de milenios, la recuperación de una lengua perdida, y por la increíble vitalidad de los kibuts que inevitablemente recuerdan a los ayllus. Y si pensamos en la dispersión actual de los países andinos pues estamos en la situación de los alemanes antes de Bismarck, de los italianos antes de Garibaldi, de los polacos antes de Pilsudski. En esta sentido, los aymaras bolivianos son los prusianos de los Andes, los Carbonari del Piemonte, los Legionisti polacos que
 en vez de salir de la Galicia austríaca salen como leones de las casuchas polvorientas de Achakachi. ¿Bromas? ¿Exageraciones? Como se quiera. Para mí son puras verdades. 
 
Si razonamos sobre un horizonte de siglos, cabe preguntarse ¿porqué los indios están en el triste estado actual ? La respuesta es clara. Esencialmente por tres razones: 
 
La casi desaparición de la nobleza inka. A causa de la atroz guerra civil desencadenada por Waskar y Atawallpa y por los sacrificios consentidos durante la guerra contra los españoles. La derrota de Manko Inka en el Cuzco y la retirada hacia Willkapampa marcan el ocaso de la nobleza inka. La tragedia de Tupaj Amaru sella definitivamente el fin del ciclo inkaico. Tupaj Katari es el relevo nacional kolla a la saga inka. Históricamente son las clases altas, la nobleza, las élites culturales, las que encabezan los movimientos nacionales de liberación. La originalidad de la situación actual es que las cosas se producen al contrario, son las bases, el Jatun Runa como se decía en el imperio, el que toma la delantera. Es una situación anormal. Hay motivos para pensar que pronto veremos surgir una vanguardia cultivada que retomando las riendas de Katari sabrá hacer frente a todos los desafíos de la historia. 
 
La suplantación del quechua por le español. España, desde el principio, siguiendo el precepto de Nebrija "La lengua sigue al Imperio" aplicó una política de destrucción del quechua y del aymara. Lo que fue el resultado de un esfuerzo de siglos, la introducción de una lengua nacional hablada en todo el imperio, por la acción deliberada de la Colonia y la República, ha sido reducido a una gran variedad de dialectos regionales. Sin embargo, no todo está perdido, cabe señalar que las primeras gramáticas y publicaciones en quechua y aymara tienen dos y hasta tres siglos de adelanto sobre muchas lenguas europeas, por ejemplo el ruso, el noruego, y varias otras lenguas de los Balcanes y del Pribáltico. El desarrollo de la mayor parte de las pequeñas lenguas nacionales europeas es el fruto de una voluntad política nacida durante el siglo XIX gracias en particular al movimiento romántico. La creación a corto plazo de una lengua quechua moderna, o de un aymara literario, son tareas
 perfectamente posibles. Ahora con los medios masivos de difusión y de comunicación la tarea sería mucho mas fácil. 
 
La destructuración social y cultural del imperio. Mediante el sistema de encomiendas, la explotación minera, los obrajes, la persecución religiosa, la prohibición de toda manifestación de vida social o política, el aniquilamiento de los restos de la nobleza y la marginación de las autoridades tradicionales, los españoles - militares, encomenderos, corregidores, jueces, curas,- han procedido metódicamente al desmantelamiento del imperio. La República ha hecho el resto, o intentado hacer el resto. Sólo el Qollasuyu ha resistido: Ayllus, Markas, Jilakatas, Kurakas están más vivos que nunca. 
 
Si se considera que al interior de los países andinos son los q'aras los que llevan la batuta, su posible alianza o confederación ¿no estaría también dominada por ellos ? ¿El combate runa no corre el riesgo de ser aprovechado por ellos y tomar un camino contrario a los intereses sociales y vitales de los runas ? Es una hipótesis perfectamente plausible. Después de todo ver q'aras con ponchos y chu'lus sólo el tiempo de sacar algunas fotografías es moneda corriente en Bolivia. Y seguro que nuestros vecinos harán lo mismo. Toledo ha practicado ese deporte muchas veces. En Ecuador los runas han servido intereses ajenos. Nada impide pensar que los q'aras de la nueva generación no puedan ser menos taimados que los anteriores y que no estén dispuestos a ponerse el poncho meses enteros, año redondo si es necesario, con tal de servir sus propios intereses. Tocamos el fondo del problema: la identidad del runa y la autenticidad del combate. ¿Quién es runa? El hombre que vive en el campo y
 habla quechua o aymara, de acuerdo. Pero aquel, hijo de runas, que vive en la ciudad y habla español, ¿ porqué magia del cielo dejaría de serlo? ¿Tenemos el derecho de llamarle traidor? ¿Traidor a qué o a quién? La tautología es evidente, la tendencia a definir el runa por un criterio racial o únicamente por los aspectos externos es una trampa. La única manera de separar las aguas pasa por la cultura y por el idioma, sello y marca de una identidad. Reducir la nacionalidad a un pasaporte es una simplificación práctica y quizás necesaria pero insuficiente por lo menos en el caso de los runas a quienes no les queda otra alternativa que la construcción de una identidad basada en la lengua, única manera de recuperar su memoria ancestral y de afirmar su continuidad histórica. 
 
Notemos como corolario los dos puntos siguientes que no necesitan mayores comentarios. Ellos se inscriben normalmente en una concepción finalmente moderada de los problemas políticos. Su radicalismo es sólo aparente, en el fondo se trata de un intento casi desesperado de vencer el enorme abismo social y económico que separa q?aras y t?aras. 
 
7.- Organización jurídica, desarrollo y protección de la actividad económica de los ayllus. 
 
Por buenos años todavía el destino del runa estará ligado al campo. En esas condiciones para los que tienen una sensibilidad indianista es una prioridad absoluta ocuparse de las cuestiones agrícolas y tratar de contribuir a crear un marco propicio al desarrollo de los ayllus y en general a toda forma de economía colectiva, cooperativa o corporativa. En las minas, por ejemplo, las cooperativas tienen un gran dinamismo y un insuficiente apoyo estatal. Igualmente hace falta desarrollar cooperativas en el transporte, el comercio, la producción industrial. De una manera general deberíamos orientarnos hacia una economía nacional definida por tres sectores bien definidos: 
 
1) Un sector de Estado que posee, controla y explota las riquezas naturales y asume la dirección y la organización de los principales servicios públicos. 2) Un sector privado que abarca todos los niveles de la economía, e incluso en diversas materias entra en concurrencia con el Estado, por ejemplo en la educación, la salud, el transporte. 
3) Un sector cooperativo que recubre todas la actividades comunitarias de producción, de servicios, de transformación y comercialización de productos nacionales o extranjeros. Su acción alcanza todos los niveles de la economía. En la esfera financiera en particular el Estado favorece, colabora, regula y en última instancia establece un servicio bancario dirigido al desarrollo económico y social de las diversas capas componentes del país. En consecuencia nos parece indispensable la apertura de un Banco Aymara, un Banco Quechua, un Banco Guaraní, y que cada uno de ellos funcione en su lengua respectiva. 
 
8.- Una política interior que tiende al equilibrio de fuerzas. 
 
La política interna debe estar orientada a obtener una situación de equilibrio económico, político, social, cultural, regional, entre los diversos grupos sociales del país, y el aparato administrativo y militar en su composición debe reflejar esta voluntad. Lo mismo vale para el aparato escolar, judicial, sanitario, universitario y diplomático. 
 
Los puntos arriba explicitados me parecen suficientemente sólidos y coherentes como para constituir una plataforma política apropiada al contexto boliviano actual. Digamos a manera de conclusión que es hora de comprender y aceptar en todas sus consecuencias la dualidad intrínseca de nuestro país. Es evidente, q?aras y t?aras tienen el mismo derecho para reclamar la totalidad del poder político; sólo la democracia puede permitirnos salir adelante y encontrar juntos los puntos de equilibrio necesarios para una vida en común. Por mi parte yo soy optimista, quizás porque luego de un largo proceso esta dualidad se ha convertido en una parte esencial de mi vida sin que ello me haya causado traumas particulares, al contrario, ahora me siento más llajta que nunca. 
 
Por supuesto, me doy cuenta que falta une elemento esencial para completar el conjunto, hay que responder a una pregunta capital: ¿cómo construir la Lengua Quechua Moderna ? Esta cuestión será el objeto de un próximo ensayo. 
 
-------------- 
* Potosino. Licencia de Ruso (Cuba), Licencia de Alemán (Francia), Masterado en Economía Internacional (IEDES, Francia), Masterado en Lingüística (DEA, Francia). 
** Porfirio Miranda: Dios parlapawanchej, Riberalta, 1976. 















		
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